sábado, 5 de abril de 2008

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-Cálida Luna-

Inevitablemente la oscuridad lo cubría todo, su cuerpo no era divisable entre el bosque y las miradas aquella noche jamás se encontrarían. Caminaba lentamente entre la neblina y su corazón latía tan fuerte como podía, estaba nerviosa e inquieta, ¿Y cómo no estarlo? Si sabia que en cualquier momento caería. Débiles rastros de luz atravesaban el follaje de los espesos arboles, arboles que sobrellevaban encima incontables años, años que maltrataron sus cortezas y poco a poco los encorvaron dejando caer sobre el sendero sus largos y delgados brazos, brazos cubiertos de tristeza y soledad. Ahora las sombras la cubren por completo, se han infiltrado por sus poros y no queda otra opción más que absorberlas con tranquilidad ya que eso era lo que ella buscaba, absorber, nutrirse de la noche y de la soledad de un lugar apartado, un lugar que lograba robarle el corazón con sus aromas y formas, el lugar que había amado durante toda su vida y es así como ella se perdió entre el silencio de la noche y el brillo de las estrellas.

Inevitablemente el placer de sentirla lo devoraba por completo, ya casi no contralaba sus impulsos y sabía en el fondo que aquella noche sus miradas jamás se encontrarían. Caminaba sigilosamente entre la neblina y su corazón en paz, latía a un compas predecible y seguro a pesar de la inquietud que sentía al saber que en pocos momentos más adelante ella caería. Sabía que debía aprovechar el silencio de la noche, ya que el a la distancia aun así seguiría escuchando el corazón de ambos, estaba acostumbrado a aquella soledad y fácilmente podía encontrar su presa en la oscuridad solo guiándose por los aromas y sonidos.

Un paso, dos pasos, y ella cayo entre la neblina a causa de una improvisada mano en su boca, cayó por placer, sabía que en algún momento quien la seguía aparecería y así, sin resistencia fue como cerro sus ojos guardando tras ellos el temor de ver quién era, no quería reconocer solo sentir, primero sentir, guiarse por los demás sentidos y por ultimo ver. Cálido fue el momento en que sintió la mano retirarse de su rostro para luego sentir sobre su oído la pausada respiración de un hombre sin miedo alguno, para sentir el suave y casi imperceptible calor de su cuerpo, calor que ella buscaba desde que entro en el bosque de sus sueños. Lentamente el comenzó a olfatear su cuerpo, y reconocerlo a través de los aromas era un placer inevitable, un placer que disfrutaba como ningún otro, y luego de ello, mientras una mano sujetaba la cintura de ella, otra recorría el pequeño rostro oculto por la noche. Acariciaba el largo cabello que caía hasta sus pechos, cabello que tomo entre sus dedos y jugueteo con él mientras ella poco a poco se tranquilizaba. Suavemente la volteo hacia él, y acerco su rostro tan cerca que el calor de los labios de ambos los hipnotizaba por completo. Suavemente la atrajo hacia el fundiendo la respiración de ambos en una sola y ella aun mantenía los ojos cerrados, no los quería abrir hasta confirmar lo que ella pensaba. Un respiro profundo de ella y los labios se juntaron, un suspiro de ella y todo comenzó y termino en un beso, sus labios lentamente se movían, disfrutando del placer, lentamente comenzó a reconocer el cuerpo del extraño, lentamente sus lenguas se reconocieron y el beso que poco a poco se fue convirtiendo en otro se traslado a su cuello y fue lo que termino por confirmar lo que ella pensaba. –No abriré los ojos, ambos sabemos que nuestras miradas no se encontraran jamás esta noche ya que si lo hacen no cumplirás con lo prometido.-

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